Construyendo las bases para decisiones más rentables y resilientes
Allen Manza lidera actualmente un análisis económico regional (5 países) orientado a comprender la viabilidad financiera y los beneficios productivos de distintas prácticas agropecuarias capaces de incrementar el carbono orgánico del suelo (COS) en sistemas agrícolas y ganaderos de América Latina y el Caribe.
Este trabajo abarca diversos contextos agroecológicos de la región y evalúa alternativas de manejo que permiten mejorar la salud de los suelos, fortalecer la resiliencia de los sistemas productivos frente a la variabilidad climática y contribuir a los objetivos de mitigación del cambio climático.
El carbono orgánico del suelo: un activo estratégico para la agricultura y el clima
El carbono orgánico del suelo constituye uno de los principales indicadores de salud y calidad de los sistemas productivos. Más allá de su contribución a la mitigación del cambio climático, cumple funciones esenciales para la productividad agrícola y ganadera.
Los suelos almacenan más carbono que la vegetación y la atmósfera combinadas, convirtiéndose en el mayor reservorio terrestre de carbono. Cuando se incrementan las reservas de carbono orgánico, los suelos mejoran su estructura, aumentan su capacidad de retener agua, favorecen la actividad biológica y optimizan el reciclaje de nutrientes, generando condiciones más favorables para la producción agropecuaria.
Por el contrario, la pérdida de carbono orgánico suele estar asociada con procesos de degradación, erosión, disminución de la fertilidad y menor resiliencia frente a sequías o eventos climáticos extremos.
En este contexto, las prácticas que favorecen la acumulación y conservación de carbono en el suelo representan una oportunidad para generar múltiples beneficios simultáneos: mejorar la productividad, fortalecer la seguridad alimentaria, reducir la vulnerabilidad climática y contribuir a los compromisos ambientales de los países de la región.
¿Qué prácticas se están evaluando?
Estas prácticas representan algunas de las principales oportunidades para transformar los sistemas agropecuarios hacia modelos más sostenibles y competitivos.
El estudio analiza diferentes estrategias de manejo con potencial para aumentar el almacenamiento de carbono en los suelos, entre ellas:
- Cultivos de cobertura y cultivos de servicio en sistemas agrícolas.
- Sistemas silvopastoriles con incorporación de árboles y arbustos forrajeros.
- Integración agricultura-ganadería.
- Restauración y mejoramiento de pastizales degradados.
- Labranza de conservación y reducción de la remoción del suelo.
- Coberturas vivas con leguminosas en cultivos permanentes.
- Manejo mejorado de pasturas para incrementar productividad y captura de carbono.
Más allá del carbono: evaluando beneficios para el productor
Uno de los principales aportes del estudio es que no se limita a medir el potencial ambiental de las prácticas, sino que analiza su desempeño económico bajo condiciones reales de producción.
La evaluación considera aspectos como:
- Incrementos en productividad agrícola y ganadera.
- Reducción de costos asociados a fertilización y alimentación animal.
- Mayor estabilidad productiva frente a eventos climáticos.
- Potenciales oportunidades vinculadas a mercados de carbono.
- Rentabilidad de largo plazo de las inversiones requeridas.
Información estratégica para políticas e inversiones
La generación de evidencia económica robusta es fundamental para orientar decisiones públicas y privadas relacionadas con la agricultura climáticamente inteligente.
Los resultados de este trabajo contribuirán a:
- Priorizar prácticas con mayor impacto económico y ambiental.
- Diseñar incentivos para acelerar la adopción de tecnologías sostenibles.
- Fortalecer programas de restauración y conservación de suelos.
- Identificar oportunidades para mecanismos de financiamiento climático.
- Mejorar la planificación de inversiones en sistemas agropecuarios resilientes.
Un aporte para el futuro de la región
América Latina y el Caribe posee algunos de los mayores potenciales del mundo para incrementar las reservas de carbono en sus suelos agrícolas y ganaderos. Sin embargo, la adopción de prácticas sostenibles depende en gran medida de que los productores cuenten con información clara sobre sus costos, beneficios y riesgos.
El análisis liderado por Allen Manza busca precisamente cerrar esa brecha de información, proporcionando evidencia que permita impulsar sistemas productivos más rentables, resilientes y alineados con los desafíos climáticos de las próximas décadas.
A medida que avance el estudio, sus resultados ofrecerán insumos valiosos para productores, tomadores de decisión, inversionistas y actores del desarrollo rural interesados en acelerar la transición hacia una agricultura más sostenible en América Latina y el Caribe.
